
Cuna de una musa
Todo gran artista tiene una musa en la cual inspirarse. Toda gran musa tiene alguien que la descubre. Toda Pin Up, tiene una vida tras el lienzo.
* Perdone señor, pero quién es ella?
-Anna Mae Clift, bailarina del Follies.
* ¿Follies? ¿Cómo las Follies Bergères de París?
Vargas ya conocía al famoso artista francés Henry Toulouse-Lautrec, quien habia retratado a muchas bailarinas y quien habia retratado los Carteles de las entradas del gran cabaret Parisino, cuna de las nuevas formas, Moulin Rouge.
-Veo que se informa, pero esto es sólo el Greenwich Village Follies.
Esa fue la primera vez que Alberto Vargas vio a su futura musa, mujer y modelo a seguir de todas las mujeres Norteamericanas. Anna Mae Clift, venía ingresando a su trabajo justo en el momento en el que el joven Vargas recorría uno de sus barrios predilectos de New York, el Broadway.
Ella se desvaneció por entre la gente y se confundio con las demás coristas del espectáculo. Sin embargo el tímido arequipeño, logró hacerle una simple pregunta, a una mujer de cabellera pelirroja anaranjada que muchos hombres temían.
* Perdóneme, señorita, me gustaría hacerle una pregunta
Ella lo miró de arriba abajo y reconoció que se trataba de un extranjero. Tal vez por como vestía o por sus rasgos que lo delataban como un no norteamericanos
- ¿Y cuál es la pregunta, joven?
* Me gustaría hacer un retrato suyo.
- Nunca me había pedido eso. No querrás otra cosa?
* No, no. De verdad soy artistas estas son mis credenciales y puedo pagarle lo necesario por tener un retrato de usted.

Retrato de una leyenda
Una pregunta que continuo de una respuesta que le abriría a Vargas todo un mundo de sensaciones y de lienzos nuevos. El primer retrato de su musa, de la musa de Estados Unidos. Es así como su interés por la belleza femenina, por la perfección del cuerpo tanto en lienzo como en papel, le entregarían al amor de su vida y le abrirían las puertas de Hollywood. Vargas y Anna Mae Clift contraen matrimonio en 1930.
En el momento en que Vargas conoció a la bailarina de Follies, o más bien en el momento en que Anna Mae Clift dijo que sí al muchacho arequipeño, dejó de ser una bailarina y pasaría a ser LA CHICA VARGA y las frases citadas por Alberto Vargas en el pasado comenzarían a ser un presente. “Un día pintaré una Chica Vargas tan hermosa, tan perfecta, tan tIpicamente americana, que cualquiera alrededor del mundo al que se la muestre sin firma alguna exclamará: esa es una “chica Vargas”.
Una mujer que será reconocida por todos como una creación suya. “La mujer americana será más alta, más delgada y más fuerte, con la belleza de la Grecia clásica. Medirá 1,65 mts, pesará aproximadamente 124 pounds, y sus medidas serán de 90, 60, 90. Su actitud será más sexy y su pie será más grande. Las mujeres superarán en cantidad a los hombres y por ese motivo serán más agresivas en su postura en relación a los hombres.” Vargas logró describir a las mujeres del presente, a las mujeres de los años 80, 90 y actuales. Anna Mae Clift le ayudará a formar un nuevo incono de belleza.
La vida de Anna Mae Clift, bailarina de Follies, pareciera no existir. Su vida para el público, para el mundo pasado y actual, se inicia en el lienzo, en el retrato de sus imágenes, posiciones inocentemente eróticas y provocativas. Una pelirroja que abandonó una pasión de bailes por el lienzo de su marido. Una mujer que vio plasmado su cuerpo en aviones, naipes, calendarios, afiches de talleres mecánicos y hasta tatuajes, una cultura que desarrollo y se expandió de forma muy fuerte en los años continuos.
Anna Mae Clift, una mujer que dejó pasar una vida y comenzó otra con la pregunta de Vargas fuera del teatro de Broadway. La musa de Estados Unidos no tan sólo fue la inspiración de Vargas, sino que también de ella misma.

Musa Plasmada